Por qué se escribe
(Abelardo Castillo, Ser escritor)
La literatura, por lo poco que sé de ella, nace quizá de una fuerte tendencia a la incomunicación o a la mala comunicación. Un escritor de ficciones es alguien que en la vida cotidiana muy raramente puede comunicar lo que siente, sus miedos, sus admiraciones, sus pasiones, su amor. Es algo así como esa mirada de sorpresa ante lo real de la que hablaban los griegos: la que al filósofo le permite reflexionar y, al escritor, escribir. El único lugar donde un hombre que escribe se comunica es en sus libros, y son sus personajes quienes hablan por él. Los escritores, en general, son grandes tímidos. Tal vez porque saben que los sentimientos más profundos sólo pueden manifestarse con palabras triviales. De qué modo decir te quiero, o estoy desesperado, o tengo miedo, o la belleza me conmueve. No hay más palabras que esas, pero uno no puede andar pronunciándolas en voz alta. Recuerdo una serie de televisión inglesa sobre la vida de Shakespere, en la que hay una escena memorable. Se sabe que Shakespeare tuvo un gran amor, la famosa dama morena de los sonetos. En esa escena, ella le pide que por favor le diga palabras hermosas, como las que escribe en sus dramas, y no que meramente quiera arrastrarla a la cama. Shakespeare, que ha escrito los diálogos de Romeo, debe recurrir a uno de sus actores para que le explique cómo se habla con las mujeres reales. Al ver esa obra, yo pensé. Shakespeare debió de haber sido realmente así.
"há sempre um copo de mar para um homem navegar" - jorge de lima
Quando os cronópios saem em viagem, encontram os hotéis cheios, os trens já partiram, chove a cântaros e os táxis não querem levá-los ou lhes cobram preços altíssimos. Os cronópios não desanimam porque acreditam piamente que estas coisas acontecem a todo o mundo, e na hora de dormir dizem uns aos outros: “Que bela cidade, que belíssima cidade”. E sonham a noite toda que na cidade há grandes festas e que eles foram convidados. E no dia seguinte levantam contentíssimos, e é assim que os cronópios viajam.
(Julio Cortázar, Histórias de Cronópios e de Famas)
(Julio Cortázar, Histórias de Cronópios e de Famas)
"Siempre acabamos llegando a donde nos esperan" - Libro de los itinerarios
sexta-feira, 19 de fevereiro de 2010
quarta-feira, 17 de fevereiro de 2010
Lo naciente
Hugo Mujica
La poesía tiene su propia fe:
la fe en lo que se ignora
--------------------------------------------------
Escuchar no es oír las palabras sino la voz,
la que se sustrae al decirlas:
el aliento atrás,
la cisura de cada palabra.
Las palabras, cada vez, son las de todos,
la voz, toda vez, es la única vez.
---------------------------------------------
La hondura de un poema
no radica en aquello de que sus versos hablen,
ni siquiera en cómo hablen,
radica de la dimensión de la escucha
desde la que llegan sus palabras,
de su permancencia o no en ella.
-------------------------------------------
No llegamos a la vida
trayendo con nosotros un lenguaje,
nacemos oyentes,
después, y gracias a ello,
fuimos hablantes.
Hablamos porque nos hablaron:
nos enseñaron las palabras,
nos regalaron el lenguaje.
Desde entonces, cada entonces,
hablar es devolver la palabra: responder.
Desde entonces,
para siempre,
el escuchar es la extrema cercanía
del hombre a su orígen,
a su más íntima y extrema lejanía:
a la que está llamado a darle voz.
----------------------------------------------------
La poesía no da a conocer
las cosas,
ni a la montaña
ni a la lluvia que sobre ella cae,
da a escuchar al silencio en el que las cosas son
cuando están en ellas mismas.
-----------------------------------------------------
La poesía no está nunca en el poema;
no lo está porque no es: llega
Ese llegar es su pasar,
su entrega, su sentido.
-------------------------------------------------------
Lo real, no la realidad,
es la palabra fuera del lenguaje, la irrepetible.
Lo real es la palabra que sólo se escucha,
la indecible: siempre alteridad,
cada vez poesía, poesía inicial.
-------------------------------------------------------
La poesía es revelación
de su ser:
de su ser revelación,
no de lo que se ignoraba,
de lo que nunca hubo
antes de ese decir.
La poesía es revelación de lo que en ella nace,
de lo que en sus palabras
comienza a latir;
develamiento de un sentido cuando es inaugural,
cuando acontece y se entrega creación.
--------------------------------------------------------
Sustrayéndose se dice la poesía,
se anuncia en la huella
de su irse:
en la sed que dejan en la boca las palabras.
-----------------------------------------------------------
A la poesía, como la vida
toda,
no se la retiene, se la recibe: se trata de saber partir.
------------------------------------------------------
Querer oír es aún querer decirse.
------------------------------------------------------
Si la realidad fuera sólo
lo ya dado,
no habría lugar para pensar en ella
ni vacío desde donde escucharla.
La realidad no se agota en lo que es:
ni la palabra en lo que dice,
ni la vida en quien la vive.
Ni todo en todo ni nada en nada.
La realidad no es: crea.
-----------------------------------------------------
Crear es cada vez volver a lo inicial,
cada vez a lo que nunca fue.
Crear es llegar hasta donde nunca se llega:
desde donde cada vez se parte otro.
------------------------------------------------------
El poeta escribe para ir, no para llegar,
escribe para partir,
siempre para iniciar.
Parte sin saber qué dirá,
ignora dónde lo lleva su decir,
tampoco lo busca saber.
Esa ignorancia es su única certidumbre:
la certeza
de saber que no e está diciendo a sí mismo,
que algo otro que su propio aliento respira en su decir.
------------------------------------------------
Todo poeta
dice lo mismo en cuanto dice lo propio:
lo que hace de lo mismo único.
La poesía tiene su propia fe:
la fe en lo que se ignora
--------------------------------------------------
Escuchar no es oír las palabras sino la voz,
la que se sustrae al decirlas:
el aliento atrás,
la cisura de cada palabra.
Las palabras, cada vez, son las de todos,
la voz, toda vez, es la única vez.
---------------------------------------------
La hondura de un poema
no radica en aquello de que sus versos hablen,
ni siquiera en cómo hablen,
radica de la dimensión de la escucha
desde la que llegan sus palabras,
de su permancencia o no en ella.
-------------------------------------------
No llegamos a la vida
trayendo con nosotros un lenguaje,
nacemos oyentes,
después, y gracias a ello,
fuimos hablantes.
Hablamos porque nos hablaron:
nos enseñaron las palabras,
nos regalaron el lenguaje.
Desde entonces, cada entonces,
hablar es devolver la palabra: responder.
Desde entonces,
para siempre,
el escuchar es la extrema cercanía
del hombre a su orígen,
a su más íntima y extrema lejanía:
a la que está llamado a darle voz.
----------------------------------------------------
La poesía no da a conocer
las cosas,
ni a la montaña
ni a la lluvia que sobre ella cae,
da a escuchar al silencio en el que las cosas son
cuando están en ellas mismas.
-----------------------------------------------------
La poesía no está nunca en el poema;
no lo está porque no es: llega
Ese llegar es su pasar,
su entrega, su sentido.
-------------------------------------------------------
Lo real, no la realidad,
es la palabra fuera del lenguaje, la irrepetible.
Lo real es la palabra que sólo se escucha,
la indecible: siempre alteridad,
cada vez poesía, poesía inicial.
-------------------------------------------------------
La poesía es revelación
de su ser:
de su ser revelación,
no de lo que se ignoraba,
de lo que nunca hubo
antes de ese decir.
La poesía es revelación de lo que en ella nace,
de lo que en sus palabras
comienza a latir;
develamiento de un sentido cuando es inaugural,
cuando acontece y se entrega creación.
--------------------------------------------------------
Sustrayéndose se dice la poesía,
se anuncia en la huella
de su irse:
en la sed que dejan en la boca las palabras.
-----------------------------------------------------------
A la poesía, como la vida
toda,
no se la retiene, se la recibe: se trata de saber partir.
------------------------------------------------------
Querer oír es aún querer decirse.
------------------------------------------------------
Si la realidad fuera sólo
lo ya dado,
no habría lugar para pensar en ella
ni vacío desde donde escucharla.
La realidad no se agota en lo que es:
ni la palabra en lo que dice,
ni la vida en quien la vive.
Ni todo en todo ni nada en nada.
La realidad no es: crea.
-----------------------------------------------------
Crear es cada vez volver a lo inicial,
cada vez a lo que nunca fue.
Crear es llegar hasta donde nunca se llega:
desde donde cada vez se parte otro.
------------------------------------------------------
El poeta escribe para ir, no para llegar,
escribe para partir,
siempre para iniciar.
Parte sin saber qué dirá,
ignora dónde lo lleva su decir,
tampoco lo busca saber.
Esa ignorancia es su única certidumbre:
la certeza
de saber que no e está diciendo a sí mismo,
que algo otro que su propio aliento respira en su decir.
------------------------------------------------
Todo poeta
dice lo mismo en cuanto dice lo propio:
lo que hace de lo mismo único.
sábado, 13 de fevereiro de 2010
Carta a um jovem poeta
Rainer Maria Rilke
Paris, 17 de fevereiro de 1903.
Prezadíssimo senhor,
(...)
Pergunta se seus versos são bons. Pergunta-o a mim, depois de o ter perguntado a outras pessoas. Manda-os a periódicos, compara-os com outras poesias e inquieta-se quando suas tentativas são recusadas por um ou outro redator. Pois bem - usando da licença que me deu de aconselhá-lo - peço-lhe que deixe tudo isso. O senhor está olhando para fora, e é justamente o que menos deveria fazer neste momento. Ninguém o pode aconselhar ou ajudar, ninguém. Não há senão um caminho. Procure entrar em si mesmo. Investigue o motivo que o manda escrever; examine se estende suas raízes pelos recantos mais profundos de sua alma; confesse a si mesmo: morreria, se lhe fosse vedado escrever? Isto acima de tudo: pergunte a si mesmo na hora mais tranqüila de sua noite: "Sou mesmo forçado a escrever?" Escave dentro de si uma resposta profunda. Se for afirmativa, se puder contestar àquela pergunta severa um forte e simples "sou", então construa a sua vida de acordo com esta necessidade. Sua vida, até em sua hora mais indiferente e anódina, deverá ser o sinal e o testemunho de tal pressão. Aproxime-se então da natureza. Depois procure, como se fosse o primeiro homem, dizer o que vê, vive, ama e perde. Não escreva poesias de amor. Evite de início as formas usuais e demasiado comuns: são essas as mais difíceis, pois precisa-se de uma força grande e amadurecida para se produzir algo de pessoal num domínio em que sobram tradições boas, algumas brilhantes. Eis por que deve fugir dos motivos gerais para aqueles que a sua própria existência quotidiana lhe oferece; relate suas mágoas e seus desejos, seus pensamentos passageiros, sua fé em qualquer beleza - relate tudo isto com íntima e humilde sinceridade. Utilize, para se exprimir, as coisas de seu ambiente, as imagens de seus sonhos e os objetos de suas lembranças. Se a própria existência quotidiana lhe parecer pobre, não a acuse. Acuse a si mesmo, diga consigo que não é bastante poeta para extrair as suas riquezas. Para o criador, com efeito, não há pobreza nem lugar mesquinho e indiferente. Mesmo que se encontrasse numa prisão, cujas paredes impedissem todos os ruídos do mundo de chegar aos seus ouvidos, não lhe ficaria sempre sua infância, essa esplêndida e régia riqueza, esse tesouro de recordações? Volte a atençao para ela. Procure soerguer as sensações submersas desse longínquo passado: sua personalidade há de reforçar-se, sua solidão há de alargar-se e transformar-se numa habitação entre lusco e fusco diante da qual o ruído dos outros passa longe, sem nela penetrar. Se depois desta volta para dentro, deste ensimesmar-se, brotarem versos, não mais pensará em perguntar seja a quem for se são bons. Nem tão pouco tentará interessar as revistas por esses seus trabalhos, pois há de ver neles sua querida propriedade natural, um pedaço e uma voz de sua vida. Uma obra de arte é boa quando nasceu por necessidade. Neste caráter de origem está o seu critério - o único existente. Também, meu prezado senhor, não lhe posso dar outro conselho fora deste: entrar em si e examinar as profundidades de onde jorra a sua vida; na fonte desta é que encontrará a resposta à questão de saber se deve criar. Aceite-a tal como se lhe apresentar à primeira vista sem procurar interpretá-la. Talvez venha a significar que o senhor é chamado a ser um artista. Neste caso aceite o destino e carregue-o com seu peso e sua grandeza, sem nunca se preocupar com recompensa que possa vir de fora. O criador, com efeito, deve ser um mundo para si mesmo e encontrar tudo em si e nessa natureza a que se aliou.
Paris, 17 de fevereiro de 1903.
Prezadíssimo senhor,
(...)
Pergunta se seus versos são bons. Pergunta-o a mim, depois de o ter perguntado a outras pessoas. Manda-os a periódicos, compara-os com outras poesias e inquieta-se quando suas tentativas são recusadas por um ou outro redator. Pois bem - usando da licença que me deu de aconselhá-lo - peço-lhe que deixe tudo isso. O senhor está olhando para fora, e é justamente o que menos deveria fazer neste momento. Ninguém o pode aconselhar ou ajudar, ninguém. Não há senão um caminho. Procure entrar em si mesmo. Investigue o motivo que o manda escrever; examine se estende suas raízes pelos recantos mais profundos de sua alma; confesse a si mesmo: morreria, se lhe fosse vedado escrever? Isto acima de tudo: pergunte a si mesmo na hora mais tranqüila de sua noite: "Sou mesmo forçado a escrever?" Escave dentro de si uma resposta profunda. Se for afirmativa, se puder contestar àquela pergunta severa um forte e simples "sou", então construa a sua vida de acordo com esta necessidade. Sua vida, até em sua hora mais indiferente e anódina, deverá ser o sinal e o testemunho de tal pressão. Aproxime-se então da natureza. Depois procure, como se fosse o primeiro homem, dizer o que vê, vive, ama e perde. Não escreva poesias de amor. Evite de início as formas usuais e demasiado comuns: são essas as mais difíceis, pois precisa-se de uma força grande e amadurecida para se produzir algo de pessoal num domínio em que sobram tradições boas, algumas brilhantes. Eis por que deve fugir dos motivos gerais para aqueles que a sua própria existência quotidiana lhe oferece; relate suas mágoas e seus desejos, seus pensamentos passageiros, sua fé em qualquer beleza - relate tudo isto com íntima e humilde sinceridade. Utilize, para se exprimir, as coisas de seu ambiente, as imagens de seus sonhos e os objetos de suas lembranças. Se a própria existência quotidiana lhe parecer pobre, não a acuse. Acuse a si mesmo, diga consigo que não é bastante poeta para extrair as suas riquezas. Para o criador, com efeito, não há pobreza nem lugar mesquinho e indiferente. Mesmo que se encontrasse numa prisão, cujas paredes impedissem todos os ruídos do mundo de chegar aos seus ouvidos, não lhe ficaria sempre sua infância, essa esplêndida e régia riqueza, esse tesouro de recordações? Volte a atençao para ela. Procure soerguer as sensações submersas desse longínquo passado: sua personalidade há de reforçar-se, sua solidão há de alargar-se e transformar-se numa habitação entre lusco e fusco diante da qual o ruído dos outros passa longe, sem nela penetrar. Se depois desta volta para dentro, deste ensimesmar-se, brotarem versos, não mais pensará em perguntar seja a quem for se são bons. Nem tão pouco tentará interessar as revistas por esses seus trabalhos, pois há de ver neles sua querida propriedade natural, um pedaço e uma voz de sua vida. Uma obra de arte é boa quando nasceu por necessidade. Neste caráter de origem está o seu critério - o único existente. Também, meu prezado senhor, não lhe posso dar outro conselho fora deste: entrar em si e examinar as profundidades de onde jorra a sua vida; na fonte desta é que encontrará a resposta à questão de saber se deve criar. Aceite-a tal como se lhe apresentar à primeira vista sem procurar interpretá-la. Talvez venha a significar que o senhor é chamado a ser um artista. Neste caso aceite o destino e carregue-o com seu peso e sua grandeza, sem nunca se preocupar com recompensa que possa vir de fora. O criador, com efeito, deve ser um mundo para si mesmo e encontrar tudo em si e nessa natureza a que se aliou.
Assinar:
Comentários (Atom)