"Siempre acabamos llegando a donde nos esperan" - Libro de los itinerarios

sexta-feira, 15 de outubro de 2010

El simulador

Leo Maslíah

De mañana temprano entré a un bar, me senté a una mesa, pedí cosas y fingí desayunar. La gente me miraba y no se daba cuenta de nada. Yo también los miraba y pensaba, satisfecho “ignoran que no estoy desayunando”. Después me fui a una parada y simulé que esperaba un ómnibus. La gente venía y se iba yendo en los distintos ómnibus que pasaban, y todos me trataban con la misma indiferencia con que se trataban entre ellos, como si hubiera sido uno más. Yo pensaba, satisfecho “ignoran que no estoy esperando ningún ómnibus”. Más tarde fui a una oficina, me senté en un escritorio y traté de dar la sensación de que estaba trabajando. Nadie sospechó nada, y yo, satisfecho, miraba de vez en cuando a los otros mientras pensaba “ignoran que no estoy trabajando”. Ahora ya es de noche y estoy en mi cuarto con la luz apagada y los ojos cerrados. Aunque no las veo, sé que las paredes me están mirando. Yo me quedo quieto, y pienso “ignoran que no estoy durmiendo”.

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La oscuridad no me preocupa. Me preocupa la luz. La oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia sí me preocupa. La preocupación no. Me es indiferente. Sin embargo, la indiferencia me preocupa muchísimo. La considero una actitud vergonzosa. Aunque la vergüenza no me preocupa. Antes si, me preocupaba. Pero a mi me da lo mismo el antes y el después; mi vida no es un desarrollo tendiente a nada. Por eso la nada no me quita el sueño. El sueño, en cambio, es algo que si me interesa. A veces me quedo toda la noche despierto, pensando en eso. No llego a ninguna conclusión, pero las conclusiones me exasperan. Prefiero los puntos de partida. No por las partidas; por los puntos. Siempre trato de acumular puntos. No por los puntos en sí; es por la acumulación. La acumulación entendida por una cosa sola, no como un cúmulo de otras. Los cúmulos, yo, si pudiera, los disgregaría. Las cosas tienen que ir separadas; no juntas. Juntas forman otras cosas, y eso trae complicaciones. Aunque yo a las complicaciones no les tengo miedo. Lo que me asusta es lo simple. Lo simple no se sabe de donde sale; ahí es donde está el misterio. Aunque los misterios, por suerte, no me interesan. Me interesa la suerte. Que desgracia. Porque la suerte siempre es escasa. Y si dijera que no me preocupa la escasez, mentiría. Pero mentir no me preocupa. A mi me preocupa la verdad. Cuando miento no tengo problema; puedo decir cualquier cosa. Aunque sea verdad, no importa, porque la digo de mentira. Pero cuando hablo con la verdad, tengo que andar con más cuidado. Por las dudas, en esos casos digo lo menos posible. Y después me desdigo, así cubro dos posibilidades. Pero no es que me quiera cubrir. Yo hago todo a la intemperie. Y si no hay luna, mejor. A mi me gusta la
oscuridad. La oscuridad no me preocupa. Me preocupa la luz. La oscuridad es solamente ausencia de luz. Pero la ausencia sí me preocupa. La preocupación no. Me es indiferente.

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